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2 de febr. 2020

Mutilació Genital Femenina

El 6 de febrer és el Dia contra la Mutilació Genital Femenina (MGF). És una pràctica que consisteix a extirpar el clítoris (clitoridectomia) a les xiquetes abans de la pubertat, emparant-se en unes creences culturals segons les quals cap jove es podrà casar si no se la mutila. En algunes cultures, després de la clitoridectomia es procedeix a l’extirpació dels llavis interns i a la infibulació o cosit de l’entrada de la vagina. 

Segons l’ONU, la mutilació genital femenina es realitza en 30 països d’Àfrica i Orient Mitjà; també es practica en alguns països d'Àsia i Amèrica Llatina i en algunes comunitats d'immigrants que viuen a Europa, Amèrica del Nord, Austràlia i Nova Zelanda. 

La concepció subjacent a aquesta pràctica és que les dones serveixen per a la reproducció de l’espècie, i no tenen dret al plaer, ja que aquest és pecaminós a més de perjudicial per a l’home. Les conseqüències físiques i psíquiques d’aquesta pràctica són enormes i, moltes vegades, mortals per culpa de les condicions d’higiene en què es practiquen. 

Comparar l’ablació amb la circumcisió –extirpació total o parcial del prepuci, que cobreix el penis, deixant descobert el gland– demostra una ignorància absoluta: si es practicara als homes una aberració comparable, aquesta consistiria a tallar el gland del penis, i sense anestèsia. La circumcisió es practica per raons religioses –fonamentalment en el judaisme i en l’islamisme– i mèdiques, ja que hi ha estudis que indiquen que el risc de contagi d’infeccions (inclòs el VIH) és menor. 

L’ablació del clítoris és un exemple palmari de la negació del plaer sexual de les dones propi de les societats patriarcals. En aquestes, el binarisme provoca també la mutilació dels cossos que no s’adeqüen als estàndards de masculinitat o de feminitat. Així, l’ablació del clítoris és patida en l’actualitat pels bebés intersexuals que naixen amb una genitalitat que no es considera “normal”. Si una criatura XX té un clítoris superior a 1 cm, el protocol mèdic clàssic en recomana l’extirpació. Si un bebé XY té un penis inferior a 2’5 cm, també es considera inacceptable. La MGF és vista com un ritual bàrbar que desfigura; en canvi, la cliterodectomia és tractada com un procediment plàstic que “normalitza”. Com ja vérem en l’entrada “Orgull intersex”, l’activisme intersex lluita perquè les operacions no es realitzen sense el consentiment de la persona afectada. 

A part de la mutilació genital intersex, en el nostre entorn sociocultural no existeix cap pràctica similar en brutalitat a la MGF, però la repressió i l’ocultació del plaer de les dones, especialment de les pràctiques més plaents per a elles, a més de la marginació i desqualificació per ser sexuals (guarra, porca...), han rebut el nom d’ablació psíquica o ablació mental. Mostra d’aquesta ablació mental és el desconeixement actual del clítoris, al qual dedicarem la propera entrada de Karícies.



11 de febr. 2018

Mariama i la MGF

El 6 de febrer és el dia contra la mutilació genital femenina (MGF). El curt de Mabel Lozano “Mariama”, produït per la Unió d'Associacions Familiars (UNAF) l'any 2016, aborda aquesta temàtica des del punt de vista d’un pare, Ibrahim Bah, que explica en primera persona la lluita per salvar la filla de la MGF. La directora explica que “no volia fer pornografia del sofriment sinó utilitzar la força del testimoniatge per a conscienciar sobre una forma de violència de gènere que afecta a 200 milions de dones i xiquetes”. 

El vídeo es pot veure ací o picant a la imatge (però no s'obrirà des de l'institut perquè és una pàgina de Facebook).


En aquestes entrades de Karícies pots trobar més informació sobre l'ablació del clítoris. També podeu llegir l'entrada de la wikipèdia Clitoridectomia.

6 de febr. 2012

MGF




6 de febrer, Dia contra la mutilació genital femenina (MGF)
Fatou no sabe a qué edad la mutilaron. Debió de ser a los pocos días de vida, no recuerda nada. Sólo sabe que fue su abuela la que le practicó la ablación, porque ésa es la tradición entre los mandinga, la etnia de la que proviene. /.../ A sus 39 años, ha vuelto a la vida. Ha recuperado la ilusión, las ganas de relacionarse. Ha descubierto las posibilidades de su sexualidad. /.../ Fatou es un nombre ficticio para proteger la identidad de esta mujer senegalesa. Ella dice que algún día se pondrá al frente en la lucha contra la ablación y no le importará que se la reconozca en la foto, pero aún es pronto para eso.
Su historia es la de más de 100 millones de mujeres a lo largo y ancho del planeta. La inmensa mayoría, procedentes de África. Millones de mujeres a las que se les amputó la vida para seguir ancestrales tradiciones machistas que aún hoy perviven: cada día, 8.000 niñas corren el riesgo de ser sometidas a la amputación de sus genitales, según un informe de Amnistía Internacional.
Entre los mandinga, cuenta Fatou, la ablación viene de tiempos en que los hombres se iban a la guerra. "Lo hacían para evitar que las mujeres tuvieran tentaciones, para evitar que tuvieran ganas".
Fatou nació en Thies, a 70 kilómetros de Dakar, en una familia "moderna". Se crió en un ambiente en el que se estudiaba, en el que se hablaban idiomas: el padre, profesor; la madre, secretaria. Las primeras conversaciones de sexo con las amigas, en plena adolescencia, despertaron los primeros temores. Se daba cuenta de que, anatómicamente, no era como ellas. "Empecé a sentirme un bicho raro", recuerda. En la televisión se empezaba a hablar por aquellos años de la ablación, ese fenómeno al que había que poner freno.
Tenía relaciones con chicos, pero nunca llegaba "hasta el final". No tenía por qué dar más explicaciones; en países como Senegal, de la mujer se espera que llegue virgen al matrimonio. Fue en una visita al ginecólogo, a los 22 años, cuando tomó plena conciencia de lo que le pasaba, la maldita palabra se convirtió en condena: ablación. Fatou entró en estado de shock. No tenía nadie con quien comentarlo. Ni con su familia, ni con sus amigas, ni con sus novios. "La ablación es un tabú: nadie habla de ella, no se ve nada en ningún lado, no se puede sospechar que existe, pero allí está".
Tras años trabajando como profesora en su país de origen, llegó a España en octubre de 1999. Una nueva visita al ginecólogo volvió a desatar el tormento. La especialista no había visto nunca a una mujer víctima de la ablación. Miró, se calló y se fue a cuchichear con la enfermera. Fatou volvió a sentirse, una vez más, un bicho raro. Humillación. Impotencia. Rabia. /.../
Buscando en Internet, se encontró con que en Francia había un médico que realizaba operaciones de reconstrucción de los genitales femeninos, el doctor Pierre Foldes. Ella vivía por aquel entonces en Valencia. Ya estaba dispuesta a irse a Francia cuando se enteró de que en Barcelona había un cirujano que también realizaba esa intervención.
/.../ Pere Barri Soldevila se acomoda en la butaca de su consulta en el Instituto Dexeus de Barcelona. Las operaciones de reconstrucción de clítoris son sólo un 1% de su actividad, pero le reportan grandes satisfacciones profesionales. Este cirujano de 33 años conoció la técnica del doctor Foldes durante su estancia en el hospital Bichat-Claude Bernard de París, en 2005.
Existen tres tipos de ablación. La tipo I consiste en la escisión del clítoris. La tipo II añade la amputación de los labios menores y es la más común. La tipo III supone además el sellado de labios mayores, dejando un pequeño orificio para las funciones fisiológicas.
El doctor Pierre Foldes, urólogo, empezó a investigar hace ya 20 años, tras varios de cooperación humanitaria en África. Para reconstruir el clítoris adaptó una técnica de alargamiento de pene. El clítoris mide 10 centímetros, sólo una pequeña parte es externa. Está anclado a la base del pubis mediante un ligamento. Seccionando el ligamento, se consigue que vuelva a emerger. "Luego queda anclarlo a la base del pubis, darle volumen y darle forma", explica Barri Soldevila. "Los resultados son muy buenos. A los chicos les pasa inadvertido que una chica ha sido operada".
La operación que realiza Barri Soldevila es gratuita. Forma parte de la línea de responsabilidad social corporativa de la clínica Dexeus y de la ONG que de ella depende, Matres Mundi. El coste de la operación, en realidad, gira en torno a los 1.800 euros, dice Barri, excluidos los honorarios del cirujano y el anestesista. "Es fundamental que las instituciones se involucren; lo ideal sería que estas operaciones las cubriera la Seguridad Social", reclama. El Departament de Salut de la Generalitat anunció en abril de 2008 su compromiso de financiar la operación a las mujeres que lo soliciten.
El hospital Dexeus tiene asumido seguir haciendo en torno a 15 intervenciones al año. Esperan que la técnica se traslade a otros hospitales de España. La primera reconstrucción la realizaron en 2007. Desde entonces han efectuado más de 20. En el 90% de los casos se consigue una restitución anatómica. En el 75%, una restitución funcional, es decir, la mujer recupera la capacidad de tener orgasmos.
Fatou ha recobrado esa capacidad. "Ahora estoy menos nerviosa, antes tenía mucho carácter. Me siento mucho más guapa y orgullosa de mi cuerpo". Se casó en mayo pasado en su país de origen, Senegal. Su marido, que vive allí y pronto vendrá a España, aún no sabe que ella se ha operado. Han estado juntos hace un mes, él no se ha dado cuenta de nada, ella no le ha dicho nada. "Algún día se lo diré. De momento, quiero disfrutar de mi victoria dentro de mí".
Font: El País, Ablación, silencio y esperanza, 28/02/10

6 de febr. 2011

Dia contra la mutilació genital femenina. 6 de febrer.



Producción Manuel Alejandro Rodriguez
Realización y Edición: Pedro Ruiz
La Caseta de Juan Leon para:
Fundación Paz y Solidaridad. CC.OO-A.

12 de juny 2010

¡Hay que cortar!

El vídeo es un fragmento del documental: Le clítoris, ce cher inconnu (Francia/Gran Bretaña, Michèle Dominici, 2003).



"Hace un par de semanas atrás algunos medios de comunicación dieron a conocer una nueva “victoria” obtenida en el campo de los derechos humanos –y, en particular, en el campo del derecho humano a la identidad. Se trata de la historia de una niña correntina de cuatro años quien, tras una “larga lucha”, obtuvo su documento nacional de identidad. El sexo que consiga ese documento es, “finalmente”, femenino.

De acuerdo a la información publicada, la niña había sido asignada al sexo masculino al nacer. El tamaño de su clítoris habría sido tan grande que fue confundido con un pene, lo que llevó a considerarla un niño. Luego se descubrió que tenía ovarios, que tenía útero, y que, por lo tanto, debía ser reasignada e intervenida quirúrgicamente con “urgencia”. Y, por supuesto, sin su consentimiento. ¿Por qué? ¿Cuál era la “urgencia”? ¿Se trataba, por ejemplo, de una urgencia médica? ¿Era necesario operarla para salvarle la vida, acaso? No. La única urgencia del caso era la violación encarnada de su derecho humano a la identidad. ¿A qué identidad? Obviamente, a la identidad obligatoria entre “sexo femenino” y “clítoris de tamaño promedio”.

Para decirlo claramente: sólo porque durante esos cuatro primeros años su existencia pareció tener lugar en ese intervalo entre la femineidad al que llaman “intersexualidad”, es que una cirugía destinada a cortarle el clítoris puede justificarse en nombre de sus derechos humanos. Sólo porque su existencia pareció tener lugar en esa tierra de nadie de la diferencia sexual es que esa intervención no solo no fue públicamente reputada como condenable sino que, además, fue valorada como deseable. Buscada. Defendida como un derecho. Finalmente celebrada. Y es que desde la perspectiva cultural que persiste en identificar lo humano con cuerpos femeninos o masculinos promedio, se trata de intervenciones destinadas a humanizarnos. ¿Quién podría, acaso, oponerse a eso? ¿Quién podría negarse a festejarlo?

La historia de la niña intersex de Corrientes fue relatada, invariablemente, como una gesta heroica que, contra todos los contratiempos, logró asegurarle su derecho humano a la identidad. Una Defensoría de Pobres y Ausentes, un hospital público, un tribunal, el Estado, en suma, apareció una y otra vez comprometido, en esa historia, con el final triunfal de esa gesta. Narrada, una vez más, en los términos de los derechos humanos, se trata, una vez más, de una historia de horror. Las variaciones corporales, la distancia entre los genitales de una niña o un niño particular y el ideal sexuado de nuestra cultura, los distintos modos en los que la diversidad se encarna, nada de eso, en sí mismo, deshumaniza; la violencia quirúrgica sí, e instala el trato inhumano en el centro mismo de la experiencia de devenir un ser humano sexuado.

¿Qué hacer para detener este horror? ¿Qué hacer para revertir el orden que lo justifica? Visibilizar y celebrar la diversidad corporal tal vez ayude pero también es necesario hacer visible esa otra diferencia, la verdadera, la que no reside entre nuestras piernas. Esa que se produce y se instala cuando, en nombre de la diferencia sexual, invocando ciertos derechos de lo humano y de lo idéntico y movido por las mejores intenciones, alguien dice: hay que cortar. Y corta."

Mauro Cabral en SOY, suplemento de diversidad sexual, página 12, 16 de mayo del 2008.

[El texto completo, y los de otras personas intersexuales, puede encontrarse en:
Cabral, Mauro (editor): Interdicciones. Escrituras de la intersexualidad en castellano. Córdoba, 2009. Disponible en http://www.mulabilatino.org/Interdicciones2.pdf