Vicent està fent les pràctiques al nostre institut per a ser professor de Geografia i Història, i ens ha regalat, a la meua tutoria i a mi, una sessió parlant-nos sobre les noves masculinitats i la seua experiència de més de dos anys en un grup d’homes. Els temes sobre els quals han reflexionat al llarg d’aquest temps han sigut: la masculinitat hegemònica, els micromasclismes (https://www.youtube.com/watch?v=Co_z_GbjbHY), els privilegis, les emocions, el contacte físic entre homes, l’amor romàntic i les relacions no monògames, i la sexualitat.
Després de recomanar-nos alguns llibres (per exemple, Hombres que ya no hacen sufrir por amor, de Coral Herrero o El feminismo es para todo el mundo, de bell hooks), sèries (com Big Mouth) i dos articles (“Aprender a ser hombre” i “El consentimiento”), hem estat debatent sobre el consentiment, concretament al voltant d’aquestes qüestions:
- Com defineixes el consentiment?
- Alguna vegada has parlat sobre consentiment amb la(es) teua(es) parella(es) o amistats?
- Busques únicament senyals verbals o hi ha altres senyals?
- Creus que parlar arruïna l'ambient?
- Comproves i preguntes, segons avancen les coses, o assumeixes que el consentiment del principi significa que tot està bé?
- Si et donen el consentiment una vegada, assumeixes que a partir d'aquí sempre hi estarà?
“Aprender a ser hombre” és una traducció al castellà de "Learning to Be a Man" fet per l'editorial Segadors al 2016, i ací te’n posem un fragment perquè el comentes. Si no, també pots comentar la sessió amb Vicent o tot en conjunt.
En el instituto aprendí mucho acerca de cómo ser un hombre. No fue un aprendizaje estándar y no acaté la masculinidad típica […] pero como ya hemos visto, el patriarcado es muy adaptable y siempre está dispuesto a fabricar masculinidades alternativas para aquellos que, como yo, no se sienten cómodos en el rol más normalizado y alabado, pero que no tienen la suficiente valentía para romper totalmente con esta socialización. De hecho, creo que tuve bastante más valentía en el instituto que ahora, y que a lo largo de mi vida mis miedos han sido el mejor aliado del patriarcado. Es decir, la bravura del macho es una farsa. Es la cobardía la que le conduce a desempeñar su papel; y si hoy día soy un hombre es porque me han vencido, porque tuve demasiado miedo para ser otra cosa, algo sin nombre pero que surgía de mis propios deseos.
Pues fue en el instituto donde la presión social terminó fijándome en mi papel de hombre. Si ya es una cosa terrorífica el identificarse como gay o bisexual o lesbiana en el instituto, negar la identidad de género es impensable. Puede que hoy en día sea más fácil, incluso hoy en día hay adolescentes que saben qué significa «queer» y «trans». Pero en los años '90 esto sólo estaba empezando a cambiar. Y, por cierto, hay y había adolescentes trans. […]
[Aún así] De alguna forma fui un disidente de género en el instituto. Los machos alfa y los chicos normales solían tacharme de gay o maricón. Yo les criticaba su homofobia y les permitía llamarme gay para mostrar que no era ningún insulto y porque tampoco me sentía heterosexual, al menos no del todo. Así que resistía un poco, pero aquella resistencia agotó mis defensas. Era fácil enfocar mis críticas y mi rechazo a los machos tradicionales, sin ir más lejos, sin buscar las raíces más profundas del problema. El miedo también jugó su papel. Si me podían dificultar tanto la vida por un inconformismo tan leve, ¿por qué buscarme más problemas? Fue suficiente distinguirme de los hombres malos. Pero los hombres buenos también tienen una función importante en el patriarcado.
He hablado mucho de mujeres y hombres. Pero éstas no son categorías naturales. Considero que es precisamente la socialización, y no la naturaleza, la que define mujeres y hombres. […] Pero mirando la sociedad en la que he crecido, sólo puedo pensar que aceptar este binomio nos hace cómplices del patriarcado. También hay personas que no se identifican con ningún género, cuya existencia es una subversión constante. Y me miro. Pienso en mis deseos y mis experiencias, y me pregunto ¿por qué me he quedado atrás? Hay algunos comportamientos masculinos que me resultan cómodos, pero también hay muchas cosas femeninas que me encantaría hacer, o que hago cuando nadie me mira y que nunca osaría hacer en público. Y hay muchas personas femeninas que me atraen, pero también muchos hombres que me parecen guapísimos. Y he compartido placer con algunos de ellos. ¿Por qué [acepté el binomio]? Por el miedo. Ese principal aliado del sistema patriarcal.
No debería identificarme como hombre. Mi identidad de género es cobarde. Mi incomodidad con mi papel de género no me motivó a romper mi relación asignada con la sociedad. Pero sí que me inhibió en el momento de la socialización en el sexo. Me daba asco el cómo los otros chicos empezaban a hablar de sexo, así que les evitaba. Perdí una socialización insana, pero tampoco la sociedad me presentó otras formas de socialización acerca del sexo. […]
El efecto de los medios es clave. Estamos constantemente bombardeados con imágenes sexistas que nos dicen como tienen que ser los cuerpos, cuáles signos físicos y superficiales nos deberían atraer. Años antes de poder tocar y ser tocado por otra persona para compartir nuestro placer, unas estructuras sociales muy potentes—Hollywood, las empresas de moda, las empresas de las noticias—estaban moldeando mi sexualidad. […] Y a los hombres nos producen una mirada que reduce a las mujeres al estatus de objetos. La mirada de los hombres es una fuerza de violencia cotidiana en la sociedad patriarcal. Tenemos que aprender a desarraigarnos de esa mirada. Si realmente queremos una sexualidad libre, si realmente nos da asco la sexualidad del patriarcado—una sexualidad de objetos—los hombres también deberíamos promover el ataque y el sabotaje contra la publicidad sexista y las empresas que la producen.
